Cómo cuestan las palabras
Teniendo los medios y las oportunidades para comunicar lo que uno tiene en el corazón, a veces nos cerramos por miedo, por indiferencia, por cólera, por tristeza y por mil motivos más, y callamos; y ese silencio duele, duele más que las verdades... duele el alma. Las actitudes, la indiferencia, ese silencio que no entiendes, que quieres descubrir pero que no hay forma de hacerlo; porque el ser a quién tu sientes tan cerca tuyo y en quien confías no te dice qué pasa y simplemente dejas pasar las cosas una y otra vez sin entender nada de nada, sin saber si hiciste algo mal, si metiste la pata o qué sé yo... sientes que la comunicación se rompió. Es difícil y dá pena.... creo que estoy demasiado sensible estas últimas tres semanas o tal vez soy una tontonasa que se hace bolas por gusto; pero bueno, es bueno hacer catarsis; y creo que la única manera de hacerlo es en mi diario, en este blog y en uno que otro mail que escribo.
A todos nos cuesta hablar, sobretodo cuando las cosas que uno va a decir son difíciles, y cuando uno se va a sentir expuesto y vulnerable o tal vez porque en algún momento de la vida uno habló, abrió su alma y le hicieron daño... pueden haber muchos motivos. Pero aunque hablar cueste, a veces es necesario; sé que a veces no lo es, por respeto, para no invadir el espacio del otro, para no herir.
Me imagino que has experimentado esto en algún momento de tu vida... no sé.
















